07 July 2009

Caritas in Veritate




12 May 2009

¿Qué tan culto eres?




Dicen por ahí que si reconoces a 25 personajes la libras...




01 April 2009

Música para gigantes


Que maravilloso día hoy que celebramos el aniversario del nacimiento de Rachmaninoff en 1882, pianista y compositor del romanticismo tardío en Rusia. Cuanto había deseado dedicarle un espacio a este gigante de la música...

Siempre me he sentido fuertemente identificado con este personaje por su personalidad melancólica y depresiva. Su obra fue difícilmente comprendida durante su juventud, aunque en sus últimos años ya gozaba de excelente reputación. Tolstoi llegó a preguntarle si en verdad alguien podía disfrutar ese tipo de música.

Las composiciones de Rachmaninoff tienen un tinte imponente, son muy profundas y densas. Los acordes aplastantes penetran sin pedir permiso hasta lo más hondo del espectador. Las personas que son muy sensibles necesitan cierta madurez afectiva para recibir las oleadas del compositor sin lastimarse la emotividad.

Personalmente disfruto de Rachmaninoff sus conciertos para piano Nos. 2 y 3. De este último se dice que es la obra más dificil jamás compuesta para virtuosos del instrumento. El tercer movimiento es de una atrevida bravura tan deslumbrante que dificílmente podrá superarse. Sólo pocos pianistas se han aventurado a hacer una interpretación de este concierto, y menos en vivo. Menciono algunas que valen la pena: la de Argerich, la de Ashkenazy, la de Nakamatsu, la de Horowitz, la de Lang Lang, la de Van Cliburn, la de Kissin, y la del propio Rachmaninoff, que por desgracia es muy vieja. Hay algunas cuantas que no he podido escuchar detenidamente, pero tengo entendido que vale la pena hacerlo en algún momento: la de Lázar Berman, la de Arcadi Volodos, la de Rafael Orozco, entre otras. Mi personal favorito es la de Argerich, por la fuerza con la que me afectó. Verdaderamente es una obra para gigantes, abrasadora, apabullante... En efecto, la película Shine está dedicada este monumental concierto; la recomiendo mucho.

Comparto con ustedes el inicio del concierto con Argerich, que según varios es la mejor interpretación de todos los tiempos:



A continuación un fragmento del tercer movimiento:



Y por supuesto un pequeño fragmento por el mismísimo Rachmaninoff en persona:


31 March 2009

Un buen día para la humildad


Hoy es el aniversario del nacimiento de Joseph Haydn. A decir verdad nunca he sido gran admirador de su vasta obra (compuso más de 100 sinfonías).

Sé que tenía un gran sentido del humor. En su sinfonía No.
94, por ejemplo, le pareció gracioso vengarse del público que acudía a sus conciertos a dormitar en la sala, para lo que en el segundo movimiento, en medio de un momento pianissimo, irrumpe con un fortissimo inesperado que hace saltar a los somnolientos. Como esta anécdota hay varias.

No niego que quizá haya despreciado su talento por un prejuicio proveniente de mi amor por Beethoven, quien en varias ocasiones despotricó contra Haydn (entonces su maestro); dijo que no había aprendido nada de él y, como era de esperarse, tuvieron serios enfrentamientos.

Hoy es un buen día para aflorar la humildad y reconocerle algo al compositor austriaco. No en vano se le conoce como el padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerdas.

En alguna ocasión le pregunté a mi esposa "¿qué es eso que escuchamos? Es verdaderamente hermoso". Vaya sorpresa cuando descubrí que era un concierto para cello del mismísimo Joseph Haydn. Desde aquel día he intentado ser más cauteloso con mis juicios precipitados sobre los compositores.

Comparto con ustedes aquel concierto de cello que me cautivó y cambió mi percepción del autor para siempre, interpretado ni más ni menos que por
Jacqueline du Pré.



Les dejo también una exquisita parte de la sonata Hob. XVI: 52 de Haydn interpretada por Evgeny Kissin.

Saint Paul and Christ's Divinity


video

09 March 2009

Los Misteriosos Caminos de Dios




05 March 2009

Los Rebuznos del Buey


He aprendido que el silencio es en la mayoría de los casos mejor que la palabra. Uno siempre quiere hacerse oír y manifestar
su opinión, cuando el verdadero sabio es por lo general el que permanece en silencio y escucha.

Estoy en una etapa de pasos delicados en la que tengo que trabajar mi docilidad y saber mantener la boca callada. Quizá me sirva ver como ejemplo a Santo Tomás de Aquino. De él se cuenta que tenía un tamaño enorme y que pasaba las horas en una esquina del aula en silencio. Sus compañeros lo apodaron "el buey" (desde luego no en el sentido despectivo que significaría hoy en día). No sin razón es considerado actualmente como uno de los más geniales personajes de todos los tiempos. ¿Cuántas ideas de las que hemos heredado tendrán sus orígenes en ese silencio? Que atinado fue su maestro San Alberto Magno en llamar la atención de quien llegara a menospreciarlo: "miren bien a ese buey, dijo alguna vez, porque los rebuznos de ese buey llenarán la Tierra".

Ojalá sepa yo valorar la bondad del silencio, pues de eso dependen importantes paraderos.


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